Soutenez la BnF
Formulario de búsqueda

La BnF

De la Librería real a la BnF

La Bibliothèque nationale de France (BnF), llamada así desde 1994, es la biblioteca nacional de la República francesa, heredera de las colecciones reales constituidas desde el final de la Edad Media.

De las colecciones reales a la creación del depósito legal

Carlos V de Francia delante de su rueda de libros Jean de Salisbury (1115?-1180) Policraticus. Francia (París), hacia 1372

Carlos V de Francia delante de su rueda de libros. Jean de Salisbury (1115?-1180) Policraticus. Francia (París), hacia 1372.
Digitalizada en Gallica.

Es a partir de Carlos V de Francia que instaló su colección de 917 libros en una sala especialmente acondicionada del Louvre, que los reyes de Francia desearon reunir sus libros en una Librería particular.

En 1537, el rey Francisco I de Francia introdujo un principio nuevo mediante una disposición del 28 de diciembre, por la que ordenaba a los impresores y a los libreros depositar en la librería del castillo de Blois todos los libros impresos puestos a la venta en el reino. Esta obligación, llamada depósito legal constituye una etapa fundamental para la biblioteca real. Llevada a París, en la segunda mitad del siglo XVI, atravesó no sin daños las guerras de religión.

La Biblioteca conoció su verdadero desarrollo a partir de 1666 bajo Colbert, que aspiraba hacer de la misma un instrumento a la gloria de Luís XIV de Francia. La instaló en el barrio que aun ocupa, e hizo transferir las colecciones reales que no podían encontrar sitio en el Louvre. Llevó una política de aumento de las colecciones, comprando o recibiendo en donación un gran número de bibliotecas privadas.

La era de los grandes bibliotecarios

Fachada norte del patio de honor de la biblioteca del rey. Robert de Cotte, hacia 1734

Fachada norte del patio de honor de la biblioteca del rey. Robert de Cotte, hacia 1734

Algunas décadas después, la Biblioteca pasó a ocupar el primer lugar en Europa. El abad Bignon, nombrado bibliotecario del Rey en 1719, dio a la biblioteca un resplandor sin precedentes. La organizó en departamentos y continuó la obra de sus predecesores en materia de adquisición de documentos, muy preocupado por hacer entrar todas las obras importantes de la Europa erudita. También se preocupó de facilitar el acceso de la Biblioteca, tanto a los eruditos como a los simples curiosos.


Las conmociones de la Revolución

Demolición del castillo de la Bastilla. Estampa, 1789

Demolición del castillo de la Bastilla. Estampa, 1789

La Revolución francesa marcó profundamente la Biblioteca. El depósito legal fue suprimido durante tres años. Sin embargo, la biblioteca del Rey, convertida en Nacional, enriqueció considerablemente sus fondos durante este período gracias a las confiscaciones realizadas en Francia y en el extranjero: bienes del clero, bibliotecas de los emigrados, colecciones particulares de los príncipes… Las bibliotecas privadas de Luís XVI de Francia, de María-Antonieta, de Madame Élisabeth pasaron a enriquecer las colecciones nacionales.

De los esfuerzos de modernización al siglo XIX

Fotografía de la sala Labrouste en el siglo XIX

Fotografía de la sala Labrouste en el siglo XIX

La entrada en gran número de estos documentos debida a las confiscaciones revolucionarias no hizo más que hacer más patente la falta de espacio que aquejaba entonces a la Biblioteca. La primera mitad del siglo XIX fue un largo período de tanteos. En 1858, una comisión dirigida por Prosper Mérimée redactó un informe sobre las modificaciones que debían introducirse en la organización de la Biblioteca imperial. Sus conclusiones fueron en parte adoptadas por Napoleón III, quien confió al arquitecto Henri Lambrouste la reconstrucción en el lugar de una parte de los edificios. Su nombre permanece vinculado sobre todo a la construcción de la sala de trabajo de los Libros impresos (1868) en la que triunfó el uso de la fundición.

Esta recuperación fue continuada por Léopold Delisle, medievalista, administrador general. A partir de 1874, lanzó la realización del Catálogo general de los libros impresos (Catalogue général des livres imprimés) cuya parte Autores no finalizó hasta 1981. El celebre legado de Victor Hugo en 1881 estimuló una política de adquisiciones de manuscritos de escritores.

Unas colecciones en expansión y un público creciente

Juke-Box «Music Maker». Siglo XX

Juke-Box «Music Maker». Siglo XX

En el siglo XX, la Biblioteca no para de ampliarse: construcción de tres anexos en Versalles (1934, 1954 y 1971) luego en Sablé en 1980 y en Provins en 1981, apertura de diversas salas de catálogos y de lectura, … Pero estas ampliaciones no bastan para resolver los problemas de almacenamiento debidos a la explosión de la producción impresa (a título de ejemplo, 12.414 obras recibidas en virtud del depósito legal en 1880 y 45.000 en 1993). La llegada cada vez más masiva de colecciones, de nuevos soportes sobre todo audiovisuales plantea problemas de conservación cada vez más acentuados. El número de plazas ofrecidas a los lectores se ha vuelto insuficiente.

A pesar de su esfuerzo de modernización y de informatización, la institución tiene dificultades para adaptarse a las nuevas condiciones de la producción impresa y de la petición de lectura.

Nacimiento de la BnF

Biblioteca François-Mitterrand

Biblioteca François-Mitterrand

Confrontada a estas dificultades inevitables nacidas del crecimiento de la producción impresa y de la demanda cultural, la Bibliothèque nationale debía sufrir una mutación.

Esta ocurre en un momento en que los desarrollos científicos y técnicos abren perspectivas nuevas a la realización de sus misiones, tanto en el ámbito de la conservación como en el del acceso a los documentos. En particular, los instrumentos informáticos y el avance de las telecomunicaciones, renuevan los medios dados a la gestión de las colecciones y a su localización. Aunados a la digitalización de los textos y las imágenes, enriquecen las prácticas de investigación y de lectura y desembocan en la transmisión de los documentos a distancia. La Bibliothèque nationale de France se inscribe en la nueva generación de bibliotecas, que aparecen en los Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Japón, Alejandría.

El 14 de julio de 1988, durante su tradicional entrevista televisada en el parque del Elíseo, el Presidente de la República, François Mitterrand, anuncia «la construcción y el acondicionamiento de una o de la mayor y más moderna biblioteca del mundo ... (que) deberá abarcar todos los campos del conocimiento, estar a disposición de todos, usar las tecnologías más modernas de transmisión de datos, poder ser consultada a distancia y entrar en relación con otras bibliotecas europeas». La declaración sorprende al público y a los profesionales. De hecho, lanza un nuevo “gran proyecto”.

El emplazamiento finalmente decidido para la construcción se halla al borde del Sena, en el distrito XIII de París. En agosto de 1989, tras un proceso de selección de proyectos realizado por un jurado internacional, el presidente de la República elige el proyecto del arquitecto Dominique Perrault.

El 20 de diciembre de 1996, se abre la biblioteca de estudio de la biblioteca François-Mitterrand.

El 8 de octubre de 1998, la apertura de la biblioteca de investigación sella la finalización de este gran proyecto.

Ver también

Le décret n° 2006-1365 du 9 novembre 2006 modifiant le décret n° 94-3 du 3 janvier 1994 portant création de la Bibliothèque nationale de France

jueves 10 de abril de 2014

Partagez