Historia de la Bibliothèque nationale de France

Primero Biblioteca Real, después Biblioteca de la Nación y Biblioteca Nacional, la Bibliothèque nationale de France (BnF), así llamada desde 1994, es hoy la biblioteca nacional de la República Francesa. Heredera de las colecciones reales constituidas desde finales de la Edad Media, es una de las más antiguas instituciones culturales francesas.
 
 

Biblioteca de los reyes y los sabios

Carlos V en su biblioteca acondicionada con bancos y ruedas de libros

En 1368, Carlos V instala su colección de libros en una sala especialmente dedicada para tal efecto en el Louvre: diez años más tarde, cuenta con más de 900 volúmenes. Es el principio de una tradición que los reyes de Francia se esforzarán en mantener.

François 1er introduce un nuevo principio a través de una ordenanza el 28 de diciembre de 1537. Ordena a impresores y libreros que depositen en la librería del castillo de Blois todo libro que se ponga en venta en el reino.

Esta obligación, llamada depósito legal, constituye une etapa fundamental para la biblioteca real. Trasladada a París en la segunda mitad del siglo XVI, sobrevive, tras sufrir algunos daños, a las guerras de religión.
 

La Biblioteca conoce su auténtico desarrollo a partir de 1666 con Colbert, que desea que sea un instrumento para mayor gloria de Luis XIV. La instala en el barrio Vivienne y pone en práctica una política activa de incremento de las colecciones, multiplicando por dos el número de manuscritos y por cuatros el de libros impresos.
 
 

Apertura al público

En pocas décadas, la Biblioteca se convierte en la más importante de Europa. El padre Bignon, nombrado bibliotecario del Rey en 1719, le da a la biblioteca un brillo sinigual.
La organiza por departamentos: Impresos, Manuscritos, Medallas y Piedras gravadas, Tablas gravadas y Colecciones de Estampas, Títulos y Genealogías. Asimismo, prosigue el celo de sus predecesores en materia de adquisición de documentos y se esfuerza en traer las obras más importantes de Europa.
Biblioteca Real – Elevación de la fachada del fondo, siglo XVIII
El padre Bignon también trata de facilitar el acceso a la Biblioteca de los sabios y de los simples curiosos. A finales del siglo XVIII, aproximadamente un centenar de personas frecuenta cotidianamente las salas de la biblioteca. Los registros de préstamo muestran que los enciclopedistas -como Voltaire y Rousseau- acuden a menudo.
 
 

Los cambios de la Revolución

Entrada triunfal de los monumentos de ciencias y artes en Francia, 1798

La Revolución Francesa marca profundamente a la Biblioteca. Suprimido en julio de 1790, el depósito legal se restablece tres años más tarde, de forma voluntaria, a través de la ley del 19 de julio de 1793 sobre el derecho de autor (y solo se restaura plenamente en 1810).
La Biblioteca del Rey, convertida en Nacional, incrementa considerablemente sus fondos en esa época, gracias a la llegada de miles de documentos confiscados o embargados.
Los bienes del clero, repartidos entre museos y bibliotecas, así como las bibliotecas de los emigrados, o incluso las de Luis XVI, Maria-Antonieta y Madame Élisabeth enriquecen las colecciones nacionales.
La Biblioteca también se nutre de las confiscaciones practicadas por el ejército napoleónico en Bélgica, Alemania, Países Bajos o Italia. Es lo que demuestra, por ejemplo, la correspondencia del padre Leblond, bibliotecario vinculado al ejército y encargado de operar, junto a un grupo de sabios, las confiscaciones científicas y artísticas en los países del Norte:

 
En Colonia es donde brillamos. Veinticinco cajas de libros… Es lo que la antigua ciudad de los ubios aportó a la República

 

 

Esfuerzos de modernización en el siglo XIX

La entrada de un gran número de documentos a causa de las confiscaciones revolucionarias agrava aún más el problema de falta de espacio que sufre la biblioteca. La primera mitad del siglo XIX es, en ese sentido, un largo periodo de pruebas.
En 1858, una comisión dirigida por Prosper Mérimée redacta un informe sobre las modificaciones que deben introducirse en la organización de la Biblioteca Imperial. Sus conclusiones son del gusto de Napoleón III, quien confía al arquitecto Henri Labrouste la reconstrucción de una parte de los edificios. Se le recuerda sobre todo por la construcción de la sala de lectura de los Impresos (1868), donde destaca el uso del hierro fundido.
Esta renovación se prosigue con el medievalista Léopold Delisle, nombrado administrador general en 1874. Lanza la creación del Catálogo General de libros impresos cuyo primer volumen se publica en 1897 y el último (para las obras anteriores a 1960)… en 1981.
Varias series de donaciones excepcionales se añaden a los fondos a lo largo de la segunda mitad del siglo: la colección de jarrones antiguos y monedas del duque de Luynes en 1862, las colecciones de Bure (1854) y Hennin (1863), o los manuscritos de Victor Hugo.
La sala Labrouste en 1888
 
 

Unas colecciones en expansión y un público creciente

Fonógrafo de discos Ópera
En el siglo XX, la Biblioteca no deja de ampliarse y el número de salas de lectura pasa de seis a once entre 1930 y 1964. Paralelamente, se construyen tres anexos en Versalles en 1934, 1954 y 1971, uno en Sablé en 1980 y otro en Provins en 1981. Pero estas extensiones no bastan para resolver los problemas de almacenamiento debidos a la explosión de la producción de publicaciones impresas.
La llegada cada vez más masiva de colecciones, así como la de los nuevos soportes -sobre todo audiovisuales- plantea problemas de conservación cada vez más graves. El número de plazas disponibles para los usuarios es insuficiente. A pesar del esfuerzo de modernización y de informatización llevado a cabo durante los años 1980, a la institución le cuesta adaptarse a las nuevas condiciones de la producción impresa y a la demanda de espacios de lectura.
 
 

Nacimiento de la BnF

Confrontada a esas dificultades nacidas del crecimiento de la producción impresa y de la demanda cultural, la Biblioteca nacional debe llevar a cabo una mutación. Esta ocurre en un momento en el que los avances científicos y técnicos abren nuevas perspectivas para resolver esos problemas, tanto los relacionados con la conservación como los que tienen que ver con el acceso a los documentos.
Las herramientas informáticas y los avances en las telecomunicaciones renuevan los recursos para gestionar y localizar las colecciones. Añadidos a la digitalización de los textos y las imágenes, estos enriquecen las tareas de investigación y lectura, y abren la posibilidad de consultar documentos a distancia.
El 14 de julio de 1988, durante su tradicional entrevista televisada en el parque del Eliseo, el presidente de la República, François Mitterrand, anuncia «el diseño y la construcción de la mayor y más moderna biblioteca del mundo»:
 
Biblioteca François-Mitterrand
Esta gran biblioteca deberá cubrir todos los campos del conocimiento, ser accesible para todo el mundo, utilizar las tecnologías más modernas de transmisión de datos, poder recibir consultas a distancia y colaborar con otras bibliotecas europeas.
El lugar elegido para construir la biblioteca se encuentra junto al Sena, en el distrito XIII de París. En agosto de 1989, el proyecto del arquitecto Dominique Perrault es escogido por el presidente de la República tras superar un proceso de selección con un jurado internacional. Jack Lang, por aquel entonces Ministro de Cultura, anuncia que transferirán al edificio todos los impresos de la Biblioteca Nacional, es decir, diez millones de volúmenes.
El 20 de diciembre de 1996, la biblioteca de estudio François-Mitterrand abre sus puertas, y el 8 de octubre de 1998, la inauguración de la sala de investigación sella la finalización de este gran proyecto.
 

Ressources

Dominique Perrault, architecte de la BnF

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Télécharger la bibliographie publiée à l’occasion de l’exposition Dominique Perrault - La Bibliothèque nationale de France. Portrait d’un projet 1988-1998